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¿LOS ANIMALES TIENEN DERECHOS?


PERRITOS

Miles de perros abandonados y pocas adopciones. Lo último necesita con urgencia ser revertido a través de educación animal, jornadas de adopción y esterilización. Así, salvar la vida de muchos animales.

Por José Manuel García, periodista-profesor universitario

 

Es una época de dilemas. Ésta, éste o el otro, el más feo, el más sucio, el más flaco. ¿A cuál recojo, a cuál ayudo? Vi a un par de animalistas y están colapsados, tienen muchos perros y gatos y su esfuerzo, todos los días, a cualquier hora, se hace eterno. Un empeño del cual otros –aquellos que botaron a esos animales, que no los esterilizaron- se desentendieron hace tiempo. Un trabajo actual, presente, que debió ser prioridad hace mucho. A nivel país, una labor de años que no fue hecha por quienes debían, los mismos que hoy dan recetas.

 Leo que el senador Carlos Kuschel admite que no tenía todos los antecedentes cuando tomó una posición con respecto al tema de los perros vagos (abandonados). Reitero: el parlamentario reconoce que carecía de la información necesaria. Pero resulta que se pronunció –en la comisión respectiva- de modo tajante: retiro de animales, tiempo de espera (¿vigilia para la muerte?) y eutanasia. Pienso en Juan Lobos, Mariano Ruiz-Esquide y Jorge Arancibia. La conclusión es clara: al “analizar” este tema todos sintieron que había que sacar a los perros de las calles a como diera lugar. ¿Cuál es la motivación de fondo? ¿Limpiar –como suele ocurrir en Viña del Mar cuando llega el verano? ¿Un bicentenario hermoso, sin nada que afee la vista? ¿En qué circunstancias se toma o se sugiere una medida (matar) que es más cara, largamente, que la esterilización y las campañas educativas? Más aún, ¿a quiénes les conviene, económicamente, involucrarse en la eutanasia? ¿Qué es lo que no sabemos al respecto? Al cabo, qué frustrante es vivir en un país donde la clase política se llena la boca hablando de democracia y se toman decisiones sin que los que legislan y votan una ley lo hagan informados y responsablemente. Así pasa en Chile.

ANIMALISTASEn las calles debe haber, sólo en Santiago, unos 200 mil perros en situación “errante”. Empleo el concepto para resumir en él a los animales que quedan a su suerte día a día, pero tienen casa (sus dueños los sueltan) y a aquellos que están abandonados y viven en la calle. Este es un cuello de botella: ¿Cuántos perros y en cuánto tiempo habría que esterilizar para conseguir que, a largo plazo, el círculo vicioso de los animales abandonados se quiebre al disminuir las tasas de natalidad? Las organizaciones animalistas, a las cuales no se consulta y a las cuales se bloquea, tienen los índices, conocen los números y saben interpretarlos. Pero se las obstruye. El tema es grave: este Gobierno, el de una Presidenta que parece tener un apoyo de magnitudes increíbles (¿será tan así o será la elección que viene?) partía cuando hubo una matanza frente a La Moneda. Casi 4 años después, el escenario es el mismo y nada cambió. Y lo único que se propone es una eutanasia segura si es que nadie se interesa cuando se los lleven a los caniles. ¿En casi 4 años al Gobierno de una Presidenta que es doctora no se le ocurrió nada mejor?

Más conciencia, una vía para hacer algo. Con mayores niveles de educación y responsabilidad en el trato hacia los animales no vamos a tener un mundo mejor, pero sí es probable que la vida para estos seres sea más digna. Es impresionante ver cómo un animal “pide” tan poco para ser feliz: comida, agua, pasear un rato o jugar son cuestiones básicas que nuestra sociedad aún no resuelve. Y estamos en 2010. Esta semana despostaron unos caballos en la Quinta Región. La prensa local habló de cuatreros. Los restos estaban en una camioneta; los imbéciles posaban felices para las cámaras. En Concepción, en el cerro “La Pólvora”, hace tiempo que se habla de las peleas clandestinas, donde grupos de muchachos hacen que perros pitbull y otros que requieren un trato responsable “midan fuerzas” con animales comunes y corrientes. Después de las peleas, los muertos son quemados. ¿Por qué cuesta tanto que una parte de la raíz de este inmenso problema, el maltrato animal en Chile, reciba la sanción que merece cuando los casos quedan a la vista?

 Sólo si se modifica el rango que la sociedad da los animales podremos aspirar a cambiar las cosas. Sólo si los igualamos a nosotros como seres vivos con derechos y existe conciencia acerca de la responsabilidad que una nación, país o pueblo tiene sobre sus mascotas la vergüenza de hoy podría dejar de ser tal.

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