Inicio > Editorial > TENENCIA RESPONSABLE, UN IMPERATIVO

TENENCIA RESPONSABLE, UN IMPERATIVO


Por José Manuel García, periodista

         En la línea de poder trabajar con datos más objetivos y no sólo con “sensaciones” en cuanto al maltrato animal, di con un artículo aparecido en el Anuario de la Universidad de Chile, periodo 2004-2005 (página 134). En él, Luis Tello –quien era entonces director del Hospital Veterinario de esa institución- fijaba una serie de pautas en torno al concepto de Tenencia Responsable, subrayando la importancia de la educación como eje de las obligaciones y deberes que debe asumir una persona al adquirir o rescatar un animal (ésas son las puntas del camino, las opciones “más extremas”).

La posición del doctor Tello, y esto me pareció relevante, se fundaba en dos aspectos centrales: por un lado y considerando diversos factores, estimaba como un trámite “engorroso, irreal e impracticable” -legalmente complejo e inconducente intuyo- regular la posesión de ciertas razas (que hoy podríamos definir como “peligrosas”). Este asunto estaba conectado con un segundo punto: las dificultades de convivencia entre humanos y animales –ya de cualquier tipo- fundadas en las debilidades del marco legal y en la inexistencia “de un compromiso nacional, regional y comunal (…), para el cual no hay medios económicos ni recursos técnicos”.

Un dato más: a Tello le llamaba la atención la conducta de quienes desarrollaban una propiedad “casual” con un animal, es decir, un vínculo en que existen rasgos variables de “bondad”, pero sin que se fijen pautas que impulsen un cuidado metódico con relación a ese ser (lo que puede terminar siendo problemático para el entorno en que éste vive). En tal sentido, advertía sobre la “enorme mayoría” de perros que, aún estando en la calle, tenían dueño y sobre los perros vagos que, en un número escaso para entonces, pululaban por la ciudad.

Cinco años después la magnitud de las cifras en torno a la población canina resulta apabullante: en Santiago hay más de 1 millón de perros, de los cuales sobre 200 mil viven en las calles, la mitad porque deambula y porque sus dueños los dejan salir, una “conducta” –la de los “amos”- que obedece a razones culturales y hábitos largamente arraigados. Otros 100 mil no tienen “domicilio conocido”, aunque son alimentados por vecinos. De modo más específico, del total de perros vagabundos, más del 20 % no recibe comida y nadie se preocupa de ellos.

Como se deduce, el panorama ha mutado para mal. Y más allá de los cuestionamientos que se pueden formular a las autoridades –que son válidos y evidentes y van desde el cómo usar los recursos hasta la obtención de beneficios políticos a costa de este tema- se requiere un cambio concreto, real, en la manera en que, como sociedad, estamos abordando el maltrato animal.

Santiago no debería ser Chile y urge una mirada a nivel país. El propósito no es sólo comprender qué está pasando en la capital sino también en las regiones, identificando estrategias sobre manejo animal que sean positivas y promoviendo una acción ética e idónea. Así y aunque son contextos diferentes, lo que sucede en Antofagasta, Copiapó, Punta Arenas o Cerro Navia forma un todo que ratifica a gritos que Chile ha fallado en su política de control de la fauna urbana. En esto quiero ser muy preciso: del hecho que las autoridades, globalmente hablando, hayan demostrado ineficiencia y propongan medidas “de parche” que pretenden tapar el sol con un dedo (el “debate” acerca de los $ 6 mil 500 millones es un ejemplo) no debe arrojar como única conclusión que todo está mal (aunque sí es cierto que es un asunto grave: se hace política a espaldas de los que eligen). Pero si nos quedamos en el reclamo, el espacio para la acción se minimiza y hoy necesitamos fórmulas alternativas a la “política oficial” (¿hubo, hay, habrá?, ¿qué “planes” tienen los que sean gobierno?) que permitan enfrentar la escasez de recursos y de hogares temporales.

Junto a lo anterior, insistir y profundizar en la educación y en el combate contra el delito. En Navidad se reactiva el comercio ilegal y los cachorros son vendidos por montones en ferias libres y también en sectores más acomodados. No hagamos la vista gorda: si va por la calle y ve que alguien está vendiendo un perro, exija que la fuerza pública realice los decomisos y las detenciones que correspondan. Al cabo, la idea es una sola: que la propiedad de nuestros animales sea responsable, digna y efectiva. Sólo por esta vía y profundizando en el control a través de campañas de esterilización y adopción será posible, paulatinamente y en el largo plazo, modificar la forma en que nos relacionamos con otros seres vivos sin creer que somos los dueños del mundo.

Anuncios
Categorías:Editorial
  1. pelusa
    diciembre 11, 2009 en 21:22

    amo tanto alos animales que no puedo entender que exista gente tan mala no puedo creerlo.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: