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MORDIDAS DE PERROS: PERSISTE LA IGNORANCIA FRENTE AL TEMA

Por Andrés Sepúlveda, Animalistas Maipú  

LA NOTICIA:

Un niño de tres años fue atacado por un perro mestizo, similar a un pastor alemán, mientras jugaba en una plaza cercana a su casa en la comuna de Lo Prado.

El pequeño Aarón Pineira fue mordido en los labios y en el pómulo, por lo que los vecinos lo ayudaron y trasladaron inmediatamente al consultorio de la zona, pero dada la gravedad de las heridas fue derivado al Hospital Félix Bulnes.

Una tía del menor aseguró que cuando quisieron hablar con el dueño, éste se enojó y reaccionó súper molesto.

Los médicos operaron realizaron una reconstrucción facial al niño, quien se recupera en forma óptima, aunque permanece en estado grave”.

Lo anterior ocurrió el 6 de enero y ante en hecho no puedo dejar de comentar lo siguiente:

Nuevamente la ignorancia referida a las mordidas de perros.

Debemos recordar que la ley denominada de animales peligrosos se refiere mayoritariamente a los perros vagos, los cuales serían recogidos de las calles y exterminados en cámaras de gases tal como se hizo en el holocausto con los judíos en Alemania. Sin embargo, las últimas noticias referentes a ataques de perros se refieren a perros con dueños conocidos, no a perros callejeros, por tanto la responsabilidad de este ataque cabe en el dueño irresponsable que dejó fuera a su mascota. Cabe recordar también que los perros de casa son mucho más peligrosos que los callejeros, debido a que los callejeros están acostumbrados a que la gente transite cerca de ellos, que los acaricien sin consultar. En cambio un perro de casa tiene un contacto humano reducido a los habitantes de la residencia, cuidan su territorio y por tanto son más de cuidado.

Dado lo anterior, el proyecto de ley boletín Nº 6499-11 contempla el “manejo” (exterminio) de los perros callejeros, sin pensar en lo que comenté anteriormente, que la mayoría de los casos de ataques graves a personas son realizados por perros con dueño conocido, por tanto la eficacia de exterminar a los callejeros no es tal.

Por otro lado cabe preguntarse también acerca de la responsabilidad que cabe en la “tenencia responsable” de un hijo de 3 años. ¿Cómo es posible que un pequeño de esa edad juegue solo en la plaza mientras la madre está tomando tecito?

El veterinario y animador del programa Animales de canal 13, Sebastián “Lindorfo” Jiménez, se lamentó porque los animalistas no protestábamos por estos casos siendo que nos juntábamos para impedir el tema de la ley eutanásica. Me pregunto si este personaje estará tan encerrado en su burbuja que no se da cuenta de la realidad…. Como persona con disponibilidad de opinión (debido a que tiene una tribuna y un micrófono) debiera informarse más al respecto. Lo invito a consultar, si necesita información podemos instruirlo al respecto, pero no estigmaticemos sin tener el conocimiento adecuado.

 
 
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Categorías:Editorial

ROMPAMOS LA INERCIA

Por José Manuel García  Montes, periodista

Esta, la última columna del año, tenía como propósito ser parida bajo el influjo de ideas novedosas, fuertes, inéditas acaso. Y hacerla fue duro porque el tráfico, el apuro y la ansiedad lo inundan todo cuando se trata de bajar la cortina de 2009. Además, y pensando en el común de los mortales, ¿para cuántas personas, justo en esta fecha, serán importantes el calor, la sed o el hambre que siente una quiltra (o) o una gata (o) de dudosa procedencia? ¿Para cuántos será motivo de atención el cansancio del caballo de la feria o de la yunta de bueyes, agotados porque no pueden más? Hablar de esto es molesto, a mucha gente le incomoda y jamás llegarán a entender tales padecimientos.

Por lo mismo, y justo ahora, cuando hay muchas más cosas que parecen importantes y urgentes, hacer que tal postergación sea tema es el objetivo. El asunto no es menor. Para la enorme cantidad de animales abandonados, maltratados, muertos a palos, en peleas clandestinas, dejados a su suerte, no habrá cambio de folio, años que se acaban, expectativas que nacen ni sueños cumplidos. Para ellos, el aquí y el ahora, el hecho de jugarse la vida en el día, es la única bitácora posible. De 2009 hacia atrás siempre fue así y de aquí en adelante esa historia no va a terminar sólo porque haya gente que lo quiera o animales sufriendo. Al cabo, toda la indolencia y la omisión seguirán ahí, enquistadas como larvas que gozan de la purulencia, a menos que cada uno de nosotros sea un poco más consciente sobre los derechos de aquellos seres que, siendo distintos del hombre, no tienen cómo afrontar la vida si éste no les da una mano.

Miro hacia atrás, por ejemplo a la carretera que recorrí desde Freire hasta Santiago hace 3 días. Fueron 698 kilómetros distribuidos entre 4 regiones, viniendo desde la Novena. A lo largo del camino, a la vera de éste, quizás porque querían cruzar o porque le escapaban, unos 10, 12 cuerpos de perros. Todos atropellados, reventados, mutilados. Esos fueron los que vi. Qué dolor más grande su abandono y sus muertes, qué final poco digno, qué pavor enorme deben haber sentido esos pobres seres en sus instantes finales. No tenían porqué afrontar esa especie de profecía auto cumplida que sólo les reservó dolor, padecimiento y agonía. No tengo dudas que tras cada uno de ellos hubo una historia de indolencia, de omisión, de olvido, de negación, es decir, el patrón de conducta habitual del hombre –genéricamente hablando- ante ellos. Hagamos el balance del año –la época lo impone, ¿no?- y respondamos qué hicimos por los animales que se cruzaron en nuestro camino, a cuántos dimos una vida mejor y ayudamos para que alguien, quizás nosotros mismos, se hiciera cargo. Cada cual sabe lo que hace y cuánto puede, cuáles son sus límites.

Pero nada cambiará en Chile -acaso en el mundo- con respecto al trato y al lugar que se les damos si no somos capaces de verlos de un modo distinto. Acá no hay fórmulas secretas y la única vía posible es actuar y entender lo que pasa en la calle: los animales no eligieron estar así, no decidieron ser abandonados o atropellados. Pero su padecimiento ocurre y es casi impuesto. Pensemos en eso, en si lo quisiéramos para nosotros. Apenas tendremos una pequeña idea de la vida errante, miserable y dolorosa que espera a miles de seres durante el tiempo que les toque existir.

Por eso, asumamos el compromiso. Actuar para sacar a un animal del abandono significa hacer propio un desafío que exige inteligencia, decisión y recursos. No se trata de recoger y acopiar al punto de llegar al hacinamiento. Tampoco, de usarlos como pretexto para pedir dinero o lo que sea, sin que las condiciones objetivas en que originalmente fue encontrado cambien de modo real.

La lucha por los derechos de los animales es un tema relativamente nuevo, un asunto que en Chile no está lo suficientemente visibilizado y que sólo aparece a cuentagotas. Es utópico pretender que en la agenda social “pese” más que otras materias como salud, educación, empleo o seguridad, relevantes en extremo. Pero de la forma en que la asumamos, es decir, del sitio que le demos frente a otras necesidades, podemos obtener conclusiones potentes acerca del estado de nuestra sociedad, colectiva e individualmente. Por eso, si bien el tema animal quizás no tiene el “peso” de otros asuntos, habría que ver de cuáles hablamos cuando hacemos esa comparación y, más importante, no perder de vista cuáles son las fórmulas que se adoptan para resolver tales o cuales problemas.

En cualquier escenario, lo que no admite debate es que sólo la miopía humana lo mantiene fuera de la agenda. Hacerlo visible y entender que trabajar en ese ámbito nos puede hacer mejores personas es la tarea que viene

Categorías:Editorial

NO DEJEMOS QUE LOS PERROS LADREN

diciembre 21, 2009 Deja un comentario

Por José Manuel García Montes, periodista

En Chile, pretender el “salvataje animal” es algo así como las carreras de Forrest Gump. Pensaba en eso, en tratar de hallar nuevos motivos e ideas, mientras trotaba por los caminos interiores de la Novena Región. Hablo de Temuco a la costa, unos 60 kilómetros yendo por rutas que hoy están asfaltadas, pero hace 30 años sólo ofrecían piedra tras piedra. Así, Barros Arana, Teodoro Schmitd, Hualpín o Porma son algunos de los pueblos que se enlistan desde la capital regional hasta llegar al mar, entrando desde Freire.

En medio de las divagaciones “a lo Forrest”, es decir mientras voy tratando que el trote del día sea mejor que el de ayer y así hasta la eternidad, el tema de los animales reaparece una y otra vez. Ese es el panorama, un cuello de botella donde a las ganas y a la acción se oponen factores que son complejos de manejar y cambiar.

Por ejemplo, hablemos de cultura y costumbres. En el campo donde estoy, el de mis viejos, mi padre –que no es, precisamente, animalista- dice que hay que dejar que los perros ladren. Para él, un hombre criado en el campo, nacido en Carahue hace más de 75 años y quien ha matado gallinas, corderos y vacas para vivir, hablar de los derechos de otros seres distintos del hombre debe ser una rareza, algo que no tiene sentido ni lugar en sus prioridades. El es un huaso hecho y derecho, con todo lo bueno y malo que eso pueda implicar. Con dificultad respeto sus ideas y, desde luego, no las comparto. Haciendo un símil, pretender cambiar los hábitos de quienes viven o se han criado en el campo es una utopía perdida y enterrada antes de comenzar a luchar por ella. Por lo mismo, que al menos los perros que viven en la parcela –son 10- coman algo más que el chancado que les dan, ya es un triunfo. La vara está baja, es cierto, no me alcanza para estar conforme con la vida que tienen, pero al menos les da tiempo. Uno, el Funkel, estaba tirado en Santiago, con una pata quebrada, al lado de una universidad y su expectativa era, quizás, morir como lo que es, un perro. Pero hoy está operado, la fractura no existe y a despecho de la mala comida, por lo menos sé que no terminará debajo de una micro o hirviendo de sarna. Otro, el Tordo, un quiltro negro y típico que vagaba por el pueblo, logró superar la existencia errante que la vida le proponía y ahora tiene techo y agua. Ambos, y éste es un consuelo menor, tienen tiempo, eso hasta que pueda encontrar algo mejor para ellos.

Por eso, hay que apuntar a cambiar las raíces. Modificar estructuras de envergadura diversa -mayores o más próximas- implica un trabajo que en el fondo es el mismo, con los debidos ajustes a escala. El tema es cómo hacer visibles, importantes o necesarios temas que por costumbre, falta de educación y cultura han permanecido sepultados por años o décadas. Desde luego, en Chile verlo sólo como un problema de tiempo, sería ingenuo. Acá han existido políticas erráticas y se han dilapidado recursos. Si hoy la idea es matar animales porque son muchos –y conste que sólo estamos hablando de los perros- es porque antes se dejó pasar el tiempo sin que se hiciera nada relevante en el área de la prevención: educar, esterilizar, promover la adopción y la tenencia responsable. Y quiero decir que cuando hablo del tema animal trato de no moverme a partir de parámetros “ciegos”. Pienso, en forma concreta, que todo lo que hacemos y no hacemos en este campo está íntimamente vinculado con la manera en que nos relacionamos con otros seres humanos y con el mundo, ello a partir de cuestiones centrales como el respeto, la solidaridad y la tolerancia.

Como en el campo de mis viejos, pretender cambiar las costumbres de un pueblo es una tarea descomunal. Y quizás el tema, al igual que para Forrest, sea correr buscando un mundo con más sentido, dignidad y veracidad. Y habrá que hacerlo aunque moverse no garantice que llegar a la meta sea posible. Nos puede hacer mejores y nos sacará una sonrisa, y eso no es poco.

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¿CUANDO SE VOTARÁ EN EL SENADO EL PROYECTO DE LEY 6499-11 DE EXTERMINIO DE PERROS?

diciembre 16, 2009 Deja un comentario

 Por Florencia Trujillo, abogado

Ecopolis, Disciplinas Integradas

El día de ayer (15/12) fue otra larga y tediosa espera en el hemiciclo del Senado para finalmente quedarnos con la sensación de que se están burlando de nosotros. El proyecto estaba en el Nº 6 de la tabla de discusión y tan solo se discutieron y votaron dos proyectos de ley. Además, los honorables se retiraron una hora antes del horario de término de la sesión (de 16 a 20 hrs).

A pesar de todo, tuvimos una pequeña victoria con la interposición del Recurso de Amparo Preventivo ante la Corte de Apelaciones de Valparaíso en horas de la mañana, tras lo cual el Senado no pudo imponer requisitos arbitrarios para autorizar el ingreso de casi un centenar de personas apostadas en la entrada del Congreso para asistir a la votación anunciada en tabla.

Es un hecho público y notorio el método que el Congreso utiliza para filtrar el público que asiste a las sesiones (aduciendo medidas de seguridad). El sistema restrictivo de listas especiales, nóminas o invitaciones de parlamentarios para acceder a presenciar la votación de proyectos de ley es claramente arbitrario e ilegal, es inconstitucional ¿por qué someternos a esa lógica antijurídica?

En año electoral un poder del Estado menoscaba flagrantemente el principio de autonomía de las organizaciones sociales. Nos obliga a arrimarnos a la sombra de un árbol, a pedir favores, a quedar en deuda. Esta mala práctica lejos de potenciar en plenitud la Participación Ciudadana, favorece el clientelismo político y lo que Andrés Bello designó como el “temor reverencial” a la autoridad.

Mariano Ruiz-Esquide (DC), presidente de la Comisión de Salud del Senado, sueña con que se apruebe la matanza nacional de quiltros auspiciada por el mismísimo Estado de Chile.

No sabemos con certeza cuándo se votará el proyecto de ley de exterminio de perros de la calle. Podemos suponer que será después de la 2ª vuelta de las elecciones presidenciales (sería una torpeza de los comandos de Frei y Piñera arriesgarse a perder apoyo ciudadano en una contienda que se resolverá voto a voto) y muy probablemente antes del traspaso de mando, en ese temido y nebuloso período de interregno en el que los gobiernos salientes suelen hacer privatizaciones de última hora y cosas por el estilo, todas medidas impopulares.

Lo que, sin sorprender, llama la atención, es que el Gobierno insista en mantener la urgencia a un proyecto de ley que ya perdió -por paliza- una votación popular ¡en la página web del propio Senado!

Aún más, las elecciones presidenciales del domingo recién pasado han puesto en jaque la continuidad del gobierno de la Concertación, significando ello la pérdida del respaldo ciudadano para impulsar proyectos de ley cuestionados incluso ¡al interior de la Comisión de Salud del Senado! ¿Por qué entonces sigue en tabla para su votación? ¿Será que este proyecto de ley es moneda de cambio para negociar otros proyectos?

Tan cuestionado es el Boletín 6499-11 que el autor y promotor de las indicaciones sustitutivas (las que incluyen la eutanasia como método de control poblacional), el MINSAL, ha debido crear una Mesa de Diálogo con otros actores para validar socialmente su iniciativa.

Nosotros hemos participado de esa mesa, y, si bien es posible concitar algunos acuerdos con los gremios veterinarios, no ocurre lo mismo con el encargado del departamento de zoonosis del Ministerio de Salud. Mientras no haya un enfoque interdisciplinario de la problemática habrá tozudez y apego al exterminio por parte del gobierno que sea.

Podríamos elucubrar un sin número de hipótesis pero algo sí es seguro: el día que se vote el proyecto de ley, primero en el Senado, después en la Cámara, no habrá muro en este país que no lleve escrito con letras rojas el nombre de los que voten a favor del exterminio.

Categorías:Editorial

TENENCIA RESPONSABLE, UN IMPERATIVO

diciembre 11, 2009 1 comentario

Por José Manuel García, periodista

         En la línea de poder trabajar con datos más objetivos y no sólo con “sensaciones” en cuanto al maltrato animal, di con un artículo aparecido en el Anuario de la Universidad de Chile, periodo 2004-2005 (página 134). En él, Luis Tello –quien era entonces director del Hospital Veterinario de esa institución- fijaba una serie de pautas en torno al concepto de Tenencia Responsable, subrayando la importancia de la educación como eje de las obligaciones y deberes que debe asumir una persona al adquirir o rescatar un animal (ésas son las puntas del camino, las opciones “más extremas”).

La posición del doctor Tello, y esto me pareció relevante, se fundaba en dos aspectos centrales: por un lado y considerando diversos factores, estimaba como un trámite “engorroso, irreal e impracticable” -legalmente complejo e inconducente intuyo- regular la posesión de ciertas razas (que hoy podríamos definir como “peligrosas”). Este asunto estaba conectado con un segundo punto: las dificultades de convivencia entre humanos y animales –ya de cualquier tipo- fundadas en las debilidades del marco legal y en la inexistencia “de un compromiso nacional, regional y comunal (…), para el cual no hay medios económicos ni recursos técnicos”.

Un dato más: a Tello le llamaba la atención la conducta de quienes desarrollaban una propiedad “casual” con un animal, es decir, un vínculo en que existen rasgos variables de “bondad”, pero sin que se fijen pautas que impulsen un cuidado metódico con relación a ese ser (lo que puede terminar siendo problemático para el entorno en que éste vive). En tal sentido, advertía sobre la “enorme mayoría” de perros que, aún estando en la calle, tenían dueño y sobre los perros vagos que, en un número escaso para entonces, pululaban por la ciudad.

Cinco años después la magnitud de las cifras en torno a la población canina resulta apabullante: en Santiago hay más de 1 millón de perros, de los cuales sobre 200 mil viven en las calles, la mitad porque deambula y porque sus dueños los dejan salir, una “conducta” –la de los “amos”- que obedece a razones culturales y hábitos largamente arraigados. Otros 100 mil no tienen “domicilio conocido”, aunque son alimentados por vecinos. De modo más específico, del total de perros vagabundos, más del 20 % no recibe comida y nadie se preocupa de ellos.

Como se deduce, el panorama ha mutado para mal. Y más allá de los cuestionamientos que se pueden formular a las autoridades –que son válidos y evidentes y van desde el cómo usar los recursos hasta la obtención de beneficios políticos a costa de este tema- se requiere un cambio concreto, real, en la manera en que, como sociedad, estamos abordando el maltrato animal.

Santiago no debería ser Chile y urge una mirada a nivel país. El propósito no es sólo comprender qué está pasando en la capital sino también en las regiones, identificando estrategias sobre manejo animal que sean positivas y promoviendo una acción ética e idónea. Así y aunque son contextos diferentes, lo que sucede en Antofagasta, Copiapó, Punta Arenas o Cerro Navia forma un todo que ratifica a gritos que Chile ha fallado en su política de control de la fauna urbana. En esto quiero ser muy preciso: del hecho que las autoridades, globalmente hablando, hayan demostrado ineficiencia y propongan medidas “de parche” que pretenden tapar el sol con un dedo (el “debate” acerca de los $ 6 mil 500 millones es un ejemplo) no debe arrojar como única conclusión que todo está mal (aunque sí es cierto que es un asunto grave: se hace política a espaldas de los que eligen). Pero si nos quedamos en el reclamo, el espacio para la acción se minimiza y hoy necesitamos fórmulas alternativas a la “política oficial” (¿hubo, hay, habrá?, ¿qué “planes” tienen los que sean gobierno?) que permitan enfrentar la escasez de recursos y de hogares temporales.

Junto a lo anterior, insistir y profundizar en la educación y en el combate contra el delito. En Navidad se reactiva el comercio ilegal y los cachorros son vendidos por montones en ferias libres y también en sectores más acomodados. No hagamos la vista gorda: si va por la calle y ve que alguien está vendiendo un perro, exija que la fuerza pública realice los decomisos y las detenciones que correspondan. Al cabo, la idea es una sola: que la propiedad de nuestros animales sea responsable, digna y efectiva. Sólo por esta vía y profundizando en el control a través de campañas de esterilización y adopción será posible, paulatinamente y en el largo plazo, modificar la forma en que nos relacionamos con otros seres vivos sin creer que somos los dueños del mundo.

Categorías:Editorial

LOS MOTIVOS Y LA ACCIÓN

diciembre 5, 2009 3 comentarios

    

Por José Manuel García, periodista                                          

En rigor, cuanto voy a una marcha o un acto en contra del maltrato animal pienso que lo prioritario –además de las acciones concretas por ayudarlos- es luchar por hacer visible un tema, colocarlo en el debate, en la agenda pública. En el fondo, mostrar unidad, cohesión y organización en torno a una idea que nos moviliza (si termina en utopía o realidad ya es otra cosa). En tal sentido, para mí es claro que existen algunos ejes centrales que explican porqué las personas salen a la calle y se hacen un espacio para protestar y manifestarse.

 Desde luego, los animales no tienen cómo y debemos hacerlo por ellos. Estos no se van a organizar, no van a protestar (podrían ladrar, es cierto, pero no alcanza) y sus derechos –los cuales muchas autoridades y sectores que son contrarios a esta causa soslayan, interesada y cínicamente a veces- tienen que ser respetados. Pero no estamos hablando, aún, de algo excepcional: se trata de lo básico, de una problemática sobre el cual este país –globalmente hablando- no ha alcanzado mínimas cuotas de compromiso, madurez ni humanidad.

 Retomo: salimos a protestar porque la exclusiva propuesta de las autoridades es retirar a los perros de las calles y eventualmente matarlos. Ahí me pregunto: si todos los perros de Santiago, unos 200 mil -la mitad de ellos 100 % callejeros-, estuvieran esterilizados, ¿habría que sacarlos igual de donde estén y desaparecerlos? Parece una pérdida de tiempo y recursos, y antes todo un acto éticamente condenable, feroz y bárbaro. De hecho, habría sobre 100 mil animales “candidatos” a la eutanasia ya, altiro. Este es el primer aspecto: hoy tenemos un asunto que fue minimizado, que fue soslayado por la sociedad y sus autoridades, esto durante mucho tiempo, al cabo del cual se convierte en problema, transformándose en algo casi inmanejable, un enorme globo inflado a punta de inacción y desprecio. Agreguemos algunos factores de orden moral, ello con el propósito de entender porqué no se avanza en la línea de un control ético de la fauna urbana.

 En la actualidad, el maltrato animal recién comienza a ser motivo de interés en Chile, a ser considerado, a ser merecedor de castigo. Es decir, no es un tópico sobre el cual la sociedad en su conjunto ni las élites –que mueven todo con su habitual sigilo- hayan realizado una reflexión. Pongo un ejemplo que muestra bien cómo a pesar de tener hecho y masticado el diagnóstico, se proponen soluciones cuyo sustento lógico es indefendible: el senador Guido Girardi, que es médico, postuló en alguna oportunidad sancionar a quienes dieran de comer a los animales abandonados.

 En la semana anduve en Conchalí ayudando en el traslado de un perro que había sido encontrado cerca del aeropuerto y al que finalmente hubo que eutanasiar. Estaba desnutrido y deshidratado, eso para empezar. Razono: ¿esta es la idea del “honorable”, que los perros se vayan muriendo en las calles, que ése sea el mecanismo de control de la población canina? ¿Sería algo así como una mal entendida selección natural? Al igual que Girardi, y esto lo afirmo con absoluta responsabilidad y decepción, no tengo dudas que son muchos los parlamentarios que analizan, legislan y aprueban las más diversas indicaciones, leyes y todo lo que venga sin tener los antecedentes suficientes y sin considerar la realidad. O sea, hacen su pega a ciegas y sin que haya otro juez diferente de sí mismos. ¿Qué dirán sus electores? Pienso que esta conducta irresponsable, este acto de omisión,  debería ser sancionado, ello a través de un voto de castigo en las urnas. Pero para que así ocurriera deberíamos tener una sociedad más pensante y más interesada, con menos mansedumbre y temor. Tal cosa no ocurre y el “apernamiento” impera.

 Con Girardi, con otros, y del “lado” que sea. ¿Pasará algo similar cuando se trata de resolver sobre otras materias? Pensemos en educación y salud, dos áreas esenciales y de alto impacto… ¿Se puede confiar en que no está sucediendo lo mismo? ¿Los análisis se están haciendo con todos los antecedentes a la vista y quienes deciden se informaron? Instalaría, al menos, una suerte de duda metódica. Hace siglos lo hizo un filósofo, René Descartes, quien  aplacó los temores que tenía sobre la realidad con  una máxima: “pienso, luego existo”. Esa fue la única forma en que él pudo comenzar a tener certeza sobre todo lo que lo rodeaba, si eso existía o sólo lo estaba imaginando. Desde luego no tenemos que salir a comprobar si hay 200 mil perros en las calles, pero sí tenemos –con justo derecho y moralmente obligados- que dudar de las intenciones y el conocimiento de quienes deciden en el país. Hacerlo, es decir, fiscalizar y exigir puede evitar que goles de mitad de cancha se concreten en nuestras narices: $ 6 mil 500 millones tirados a la calle sólo porque hay que “limpiar” plazas, veredas y calles de seres que, sin dueño conocido, únicamente tendrán a la muerte como próxima estación.

 Nota del redactor:

 (1)   El otro día, durante el acto frente a La Moneda, cometí un error al aludir al número de crías que una hembra, una perra particularmente, podría engendrar en su vida. De acuerdo a los años que pueda vivir y considerando número de partos y natalidad por cada vez, estamos hablando de 150 a 200 cachorros como cifra total. Mis excusas por la imprecisión –hablé de miles y son cientos- y ofrezco esta referencia como algo más concreto y real.

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CHILE QUERIDO

noviembre 28, 2009 1 comentario

Por José Manuel García Montés, periodista

Hoy les hablaré de una de las características más marcadas de la sociedad chilena. En rigor, se trata de un rasgo que, conforme han transcurrido las décadas, se ha dejado ver con fuerza, hasta hacerse vigoroso y nítido. En concreto, estoy pensando en la prepotencia, en la falta de tino, vergüenza y sentido común. Al cabo, me refiero a la necesidad que hoy exhibimos, en tanto pueblo y entre nosotros, de tener que pasar por encima del otro para llegar a donde nos interesa.

            Veamos algunos ejemplos.

Si hay algo del día a día que soporto con dificultad son los bocinazos. ¿Se han fijado que quienes manejan tienen una especial predilección por “colgarse” de la bocina si la fila no avanza? Nadie se preocupa del que va al lado y menos de los que transitan. Nadie se pone en un  lugar diferente al suyo. Y esta mala costumbre –porque la ley establece que la bocina sólo se usa para prevenir un accidente- escala en su “refinamiento” hacia otras formas de prepotencia: no sólo se trata de apurar, sino de hacerlo como marcándole a quien se aparezca una especie de “muévete hueo´n, acá vengo yo”. La idea, como sea, es ponerle la pata encima.

A nivel conductivo, nuestra vocación por la prepotencia se condimenta con el discutible respeto ante una luz roja, los pasos peatonales o la ingesta de alcohol al manejar. Hoy se toma mucho, en exceso y la única defensa posible, tipo excusa barata,  es norma: “sí, yo manejo cura´o, pero los accidentes los tienen otros”.

Hay más ejemplos y ahí entramos en zonas o áreas donde fiscalizar sería un acto de justicia y necesidad. En tiempos de elección como éstos, muchos muestran la hilacha. Miremos el tema de las platas. ¿No hay recursos para hacer más? Claro que los hay y los municipios los emplean a su amaño. En Providencia, en la esquina de Antonio Varas con Eliodoro Yáñez, hace poco levantaron una estructura de cemento cuya única función es sostener la propaganda de la candidata de turno, Marcela Sabat. ¿Quién lo levantó, cuánto costó, para qué servirá después? En comunas como Ñuñoa y Providencia –que más que eso son feudos en que el respeto por los plazos de la propaganda política da lo mismo- responder esas preguntas es tarea perdida.

Sigamos. El domingo, en horario prime, TVN se anima con las noticias políticas. Y a alguien se le ocurre que “decisión” se verá mejor colocando primero la “s” y luego la “c”. Todo es más penoso y patético –a esta altura no digamos “grave” porque los medios, salvo excepciones, nos muestran un país que no existe y ésta es la historia sin fin- cuando 3 días después un periódico de circulación nacional (LUN) decide ofrecer el error gramatical como portada a sus lectores. Me quedo pensando: como periodista siento vergüenza porque, en el fondo, lo que le dices a quien ve el diario es “eres un imbécil y comprarás cualquier cosa que te venda”. Y conste que hablamos de un medio que se jacta en su nombre de llevar “las últimas noticias”, es decir, lo más próximo, reciente y necesario. Tienen que revisar algo: en ese episodio la “noticia” estaba más añeja que mi abuela en su tumba.

Reflexiono: los medios hoy no están haciendo bien su pega. Y la sociedad tiene su cuota de responsabilidad. Si existen toneladas de “información” desechable –porque aporta cero, está mal hecha, es basura, es tendenciosa, no exhibe un mínimo sentido de autocrítica o son sólo repeticiones- ello es así porque somos un pueblo que ha ido perdiendo su identidad y también la capacidad para reclamar frente a lo que es burdo, básico y torpe. Por lo mismo, te venden lo que quieren, te muestran lo que quieren y te quitan lo que tienes. O tú lo compras y te quedas feliz. Y en este círculo vicioso el sentido común y el respeto por el otro y sus ideas no tiene cabida. Cada uno en su mundo, así nos “salvamos” y seguimos con la misma música de fondo.

Finalizo por hoy: si todo esto pasa entre nosotros, ¿qué oportunidades tienen los perros de que su anónima protesta por una existencia más digna sea oída? ¿Qué hay que hacer para que una sociedad, la nuestra, sienta espanto, despierte y actúe frenando las omisiones que ella misma encabezó y que han propiciado que el maltrato y el abandono animal lleguen a ser lo que son?

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